O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.

viernes, 29 de abril de 2011

De primera plana e intereses de los H. de P.


Me pregunto, ¿a caso hoy el plutonio es menos peligroso que hace un mes? ¿se han clausurado las fugas en Fukushima? ¿Cuanta veces superan los niveles radiación las aguas del mar? ¿y el terreno? ¿y las lechugas? ¿a caso la leche ya se puede consumir sin riesgo para la salud?¿Se pueden cultivar los terrenos y en que radio alrededor de la centra nuclear?.

Que este "pobrecito hablador" sepa, cuando hace un mes ocurrió la tercera explosión en la central nuclear todo se media, todo eran palabras tranquilizadoras y primeras planas en los diarios y hoy ¿que sucede? ¿hay alguna manifestación en la salud de las personas irradiadas? ¿se va a seguir su evolución? ¿y durante cuanto tiempo? ya que los efectos se manifiestan a largo plazo y en el plutonio de las centrales nucleares el isótopo principal es el plutonio-239 que tiene una vida media de 24.131 años...




Fiesta de cumpleaños
MATT DUNHAM (AP) | 28-03-2011
(Una fotografía de un niño frente a lo que parece ser una tarta, recuperada en Kamaishi)




Aniversari
Manel

Cumpleaños

Las luces se han apagado, han sacado el pastel,
aplaudían los padres, los tíos, los amigos
todos a la vez, aunados en un único grito,
“que pida un deseo, que pida un deseo”.
Y tú, nerviosa, como siempre que te toca ser
el centro de atención,
has fijado los ojos en un punto impreciso del comedor
un segundo, dos segundos, tres segundos, cuatro y cinco.
Tus ojos cabalgaban buscando un deseo,
las velas quemaban y algunos amigos
te enfocaban con cámaras de retratar,
una voz comentaba “ay, qué guapa está”
y yo, en el fondo, apuraba la copa decidido
a encontrar un rinconcito para hacerme pequeño, pequeño.
Del tamaño de una mosca, del tamaño de un mosquito.
Para una vez empequeñecido, bajo los taburetes
y la mesa alargada por los dos caballetes,
abrirme paso con prudencia por un entramado
de zapatos de invierno, de confeti aplastado,
y esprintar maldiciendo la longitud de mis nuevos pasitos
y esconderme entre un corcho y la pared
justo a tiempo de que no me coma el maldito gatito.
Y escalar las cenefas de tu vestido
y calzar el pie izquierdo en un descosido
y llegarte a la espalda y sentarme en un botón
y coger un poquito de aire y, de un saltito,
agarrarte un cabello e impulsarme
en un último salto final
y acceder a tu deseo atravesando la pared del lagrimal.
¡Ahora un pie! ¡Ahora un brazo! ¡Ahora el torso! ¡Ahora la cabeza!


Y ya dentro del deseo, ver si hay buen ambiente,
repartir unas tarjetas, ser amable con la gente
y con maneras de joven discreto y educado
presentar mis respetos a la autoridad,
escuchar atento batallitas curiosas a los más viejos,
hacerme fotos graciosas con otros ilustres viajeros
y con un hombre con corbata que no sé quién es.
Y en la nube de sueños que tienes a tu alcance
y entre otros que, lo siento, pero ya no vivirás nunca,
detectar un caminito que me aleje del grupo
o una sombrita tranquila donde, desapercibido,
tumbarme un rato y, por fin, relajarme celebrando
el placer indescriptible que es estar contigo, hoy que te haces mayor,
mientras fuera del ojo las velas se van apagando.