O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.

sábado, 18 de julio de 2009

Medalla de Cartón

Taller de Geo Dawe - General Pincipe Peter Ivanovich Bagration






Nunca se empieza una batalla tarde,
las penas siempre llegan enseguida,
tu siempre pides para nunca darme,
yo solo pido lo que tu me quitas.

Y el cielo que revienta de repente,
como un infierno que llegó deprisa,
tierra cobarde que a nadie defiendes,
pero no lo saben... pero no lo saben.

Esa bandera siempre huele a sangre,
triste paisaje... todo de cenizas,
distintas guerras... distintas ciudades,
el mismo fuego que quemó Guernica.

Tu crees que estoy cantando en el desierto,
yo se que solo muere lo que olvidas,
hay corazones llenos de agujeros,
pero no lo saben... pero no lo saben.

Todo lo que no se ve,
lo que nadie nos contó,
lo que se quedo en la piel,
la memoria del dolor.
Que le den al general,
la medalla de cartón,
se la tienen que clavar,
llenita en el corazón.

Todo lo que no se ve,
lo que nadie nos contó,
lo que se quedo en la piel,
la memoria del dolor.

Todo lo que no se ve,
lo que nadie nos contó,
lo que se quedo en la piel...

Todo lo que no se ve,
lo que nadie nos contó,
lo que se quedo en la piel,
la memoria del dolor.
Que le den al general,
la medalla de cartón,
se la tienen que clavar,
llenita en el corazón.

Todo lo que no, todo lo que no...

Pablo Picasso - Guernica

Juan López y John Ward
J.L.Borges

"Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en distintos países,
cada uno provisto de lealtades,
de queridas memorias,
de un pasado sin duda heroico,
de derechos,
de agravios,
de una mitología peculiar,
de próceres de bronce,
de aniversarios,
de demagogos y de símbolos.
Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil;
Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown.
Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad,
que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.
Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara,
en unas islas demasiado famosas,
y cada uno de los dos fue Caín,
y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos.
La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.