O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Crimen y castigo


En crespa tempestad del oro undoso
Francisco de Quevedo

En crespa tempestad del oro undoso
nada golfos de luz ardiente y pura
mi corazón, sediento de hermosura,
si el cabello deslazas generoso.

Leandro en mar de fuego proceloso
su amor ostenta, su vivir apura;
Ícaro en senda de oro mal segura
arde sus alas por morir glorioso.

Con pretensión de fénix encendidas
sus esperanzas, que difuntas lloro,
intenta que su muerte engendre vidas.

Avaro y rico, y pobre en el tesoro,
el castigo y la hambre imita a Midas,
Tántalo en fugitiva fuente de oro.


"Hor che 'l ciel e la terra"
Composición a 6 voces de Claudio Monteverdi basada en un texto de Francesco Petrarca del Libro VIII de madrigales (Madrigali guerrieri et amorosi).
Concerto Italiano bajo la dirección de Rinaldo Alessandrini, intervienen. Rossana Bertini, soprano; Elisa Franzetti, soprano; Claudio Cavina, alto; Sandro Naglia, tenor; Giuseppe Maletto, tenor y Daniele Carnovich, bajo.


Ahora que cielo y tierra y viento calla


Ahora que cielo y tierra y viento calla,
y en sueño, fiera o ave alguna suena,
la Noche que su carro salga ordena,
y en su lecho sin onda el mar se halla;


lloro y me abraso así; y quien me avasalla
veo ante mí para cebar mi pena;
guerra es mi estado, de ira y daño llena,
y calmo sólo en ella mi batalla.


Así, de sólo un mismo abrevadero,
cuanto es dulce y amargo bebo:
abre y restaña el mal la misma mano;


y, porque mi martirio no se acabe,
mil veces cada día nazco y muero,
tanto me estoy de mi salud lejano.