O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Lucía






Carta
Miguel Hernández
El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.

Donde voy, con las mujeres
y con los hombre me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.

Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.


En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.


Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sufrimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que solo persigue,
para nido aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos
y el espacio de tu aliento.
Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.


Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelando, humano,
sin ojos que puedan verlo.

Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán,
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Lucía, junto, con "Qué va a ser de ti", "La maujer que yo quiero", "Caminante, no hay camino", etc., melodías del LP. "Mediterráneo" de Serrat. Cuando él lanzó ese disco, alguien me lo regaló y así tuve por siempre en mi mente a Machado, al mismo Serrat y todo aquel movimiento de esa época, años 60s. Jejeeje... obvio que no hablo de "muchos años", pues era una niña de colegio de monjas con uniforme hasta, acaso, un poco encima de la rodilla.

Gracias.

Besos,

Cantaclaro

.

Max Lucero dijo...

Odio a Serrat y a Dylan, ambos llevan diciendo de manera bellísima todo lo que yo no se como expresarlo toda mi vida. ;)

Recuerdo que el año 72 este disco y el "Thick As A Brick" de Jethro Tull acompañando a todas horas a cuatro estudiantes que en un piso destartalado se "rompían" los codos intentando meterse en la cabeza una montaña de apuntes con los que los profesores nos amargaban la "aburrida" vida de univesitarios.

Besos.
Max

CANTACLARO dijo...

Jejejeje, me haces deir con ese "odio". Se nota la furibundez.

Besos,

Cantaclaro

,

Anónimo dijo...

Increible...tienes un gusto exquisito, la carta esa de Miguel hernandez es de mis favoritas, es increible.
un saludo!