O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.

jueves, 3 de marzo de 2011

La belleza de lo efímero


Caminando ayer descubrí, en esta primavera adelantada, una pradera de narcisos. De nuevo han nacido para alegrarnos la vida con su efímera explosión de belleza; aunque solo sea por unas jornadas. 





A...
Alexandr Pushkin


(Kern)*

Recuerdo aquel instante prodigioso
en el que apareciste frente a mí,
lo mismo que una efímera visión
igual que un genio de belleza pura.

En mi languidecer sin esperanza,
en las zozobras del ruidoso afán,
tu tierna voz se oyó en mi largo tiempo
y soñaba con tus divinos rasgos.

Transcurrieron los años. La agitada
tormenta dispersó los viejos sueños
y al olvido entregué tu tierna voz
así como tus rasgos celestiales.

En cautiverio oscuro y tenebroso
mis días en silencio se arrastraban,
sin la deidad y sin la inspiración,
sin lágrimas, sin vida, sin amor.

Mas ahora que el despertar llegó a mi alma,
y de nuevo apareces ante mí,
lo mismo que una efímera visión
igual que un genio de belleza pura.

Y el corazón me late arrebatado
porque en él nuevamente resucitan
La inspiración y la divinidad
y la vida, y el llanto y el amor.


*Anna Pyetróvna Kem




One Year Of Love
Queen



Un año de amor

Tan sólo un año de amor
es mejor que una vida entera en solitario.
Un momento sentimental en tus brazos
es como una estrella fugaz directa a mi corazón.
Siempre es un día lluvioso cuando no estás.
Un prisionero del amor dentro de tí.
Me vengo abajo, a tu alrededor, sí.
Mi corazón, llora a tú corazón.
Estoy sólo, pero puedes salvarme.
Mi mano se extiende para alcanzar la tuya.
Estoy frío, pero tu enciendes el fuego en mi interior.
Mi labios, buscan los tuyos.
Deseoso de tocarte.
Hay tanto que ha quedado por decirnos.
Y todo lo que puedo hacer, es entregarme
a ese momento. Tan sólo entregarme.

Y nadie me había dicho que el amor pudiera hacer tanto daño.
Oohh, sí. Duele.
Y el dolor, está tan cerca del placer.
Y todo lo que puedo hacer, es entregarme a tu amor.
Tan sólo entregarme a tu amor.
Tan sólo una año de amor
es mejor que una vida entera en solitario.
Un momento sentimental en tus brazos
es como una estrella fugaz directa a mi corazón.
Siempre es un día lluvioso cuando no estás.
Un prisionero del amor dentro de tí.
Me vengo abajo, a tu alrededor, sí.
Y todo lo que puedo hacer, es entregarme.




Sandro Botticelli - El nacimiento de Venus (La Nascita di Venere)


A una mujer
Julio Cortázar

No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón,
no hay que estar triste
si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera lo inmóvil,
ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí,
constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo
-pero por qué nombrar el polvo y la ceniza.
Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día
era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta hundirse en la tierra.

Sólo dura la efímero, esa estúpida planta que ignora la tortuga,
esa blanda tortuga que tantea en la eternidad con ojos huecos,
y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin grito de agonía,
las torres del maíz, los ciegos montes.
Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo,
no nos movemos del terror y la delicia,
y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados
para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del balcón,
cómo corren las nubes al futuro.

¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té.
No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel
que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de creer
que se nace o se muere,
cuando lo único real es el hueco que queda en el papel,
el golem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.

Le Sacre du printemps
Ígor Stravinski
Orquesta sinfónica de Columbia dirigida por el autor (1960)

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