O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.

domingo, 28 de junio de 2009

Voces de Primavera, Vals, Op. 410






Rima XVIII
Gustavo Adolfo Bécquer

Fatigada del baile,
encendido el color, breve el aliento,
apoyada en mi brazo
del salón se detuvo en un extremo.

Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento.

Como en cuna de nácar
que empuja el mar y que acaricia el céfiro,
dormir parecía al blando
arrullo de sus labios entreabiertos.

¡Oh!, ¡quién así, pensaba,
dejar pudiera deslizarse el tiempo!
¡Oh!, si las flores duermen,
qué dulcísimo sueño!


James Tissot - Too Early

Ayer, sábado, ni la música que sonaba era del pequeño de los Strauss, ni un salón de baile el patio de tu casa. Tampoco, ayer, era una noche de primavera. Si que estábamos allí porque celebrabas el día de tu cumpleaños y que anochecía.
El baile que tu esposo, algo bebido, te había obsequiado tras entregarte el regalo -un collar, demasiado ostentoso para adornar un cuello tan delicado-, hizo que algunas gotas de sudor resbalasen entre tus senos, encendiesen tu color y el aliento, breve, se te entrecortase mientras obsequiabas como buena anfitriona a tus invitados.
Nos ofreciste una copa, mientras yo escuchaba como tu marido rodeado de maridos contaba un chiste obsceno de maridos.
- Mejor me traes otra cerveza de la nevera, que esta está caliente. -Te dijo.
Al instante volviste con una botella helada y observé un mohín de disgusto en tus labios al entregársela.
Luego dirigiéndote a los demás nos invitaste a beber de la bandeja que portabas con varias copas. Había tres vasos y eramos cuatro. Me quede sin vaso.
- Ahora te traigo algo ¿Que te apetece? -me dijiste.
Suavemente te arrebaté el vaso que llevabas en la otra mano, con dos dedos de naranjada y el borde manchado con el carmín rojo de tus labios.
- Gracias, pero con este es suficiente - y bebí ostensiblemente, buscando el lado que habían marcado tus labios, como si yo fuese el que te hubiera agraviado y buscase el perdón.
Sonreíste y, casi imperceptiblemente, juntando los labios hiciste el gesto de un beso.
Ambos sabemos que el tiempo de nuestros besos ha pasado, que hace años que los hemos agotado, pero nos sonreímos con la complicidad que da el ser los poseedores de los primeros que ambos habíamos dado.
- - - - - -

Pequeña, quiero que sepas que aún guardo el volumen de "Rimas y Leyendas" de la colección Austral-Poesía de Espasa que, un día en el instituto, deslizaste en mi pupitre. Hoy, lo he buscado en mi biblioteca. Todavía conserva en la primera página un "Yo también, L...." escrito con bolígrafo Bic azul y tu letra redondeada.

3 comentarios:

CANTACLARO dijo...

¡Qué bello texto!

Ana Lucía

.

Max Lucero dijo...

Gracias.

Me alegro que estés de vuelta. Espero que todo haya ido bien.

Max

CANTACLARO dijo...

Gracias.

Abrazos,

Ana