O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.

sábado, 22 de agosto de 2009

Alacena de las monjas










Ayer por tarde, sin aparente razón (o quizá sea por gula, el pecado que más engorda), al pasar por el convento de las monjas Clarisas (Franciscanas y de clausura) he entrado en el torno después de varias décadas y he comprado unas docenas de dulces. Todo normal, si no hubiera sido porque al despedirme con un:

- Gracias, madre. Quede con Dios.

Una voz oculta tras el torno me ha respondido:

- Que Él te acompañe Max.

La sorpresa casi hace rodar por los suelo los manjares que acababa de comprar. Me he dirigido al torno y sin salir de mi asombro, con un hilo de voz he preguntado:

- ¿Madre C...?

-Si, soy yo ¿Que tal tu familia?

Durante media hora he informado a Sor C... de todas las vicisitudes familiares poniéndole al día de muertes, partos, estudios, bodas, nacimientos, etc. Aunque me malicio de que no eran novedades para ella.
Lo increíble es que Sor. C... fue la primera maestra de mi niñez y que cuando yo era a penas un bebé ella ya me parecía una anciana. ¡Debe pasar de los 100 años!

Me he alegrado de volver a oír una voz salida de mi infancia y que creía perdida. Al despedirme con la promesa de volver más a menudo (el negocio es el negocio, es broma) me ha entregado un paquetito.

-Toma, "rubito" espero te sigan gustando.

Al llegar a casa he abierto el regalo. En un sobre con membrete del convento -Santa Clara en oración- dentro una estampita de San Francisco de Asís y, ¡Dios mio! ¡Los recortes sobrantes de las hostias que ellas hacen para la parroquia y que, como premio, nos daban a los niños! Hacía mil años que no saboreaba su textura. Hace mil años que no comulgo y juro que me han entrado ganas. A esto llamo yo saber hace las cosas bien. Aprende a hacer Iglesia, Benito XVI.

Dulce de Calabaza

Porciones / número de personas: 4
Tiempo de Preparación: 30 minutos
Tiempo de cocción: 20 minutos

Ingredientes:

600 gr de calabaza
8 cucharadas de azúcar
1 vaso de agua
la ralladura de 1 naranja y de 1/2 limón

Salsa de naranja:

el zumo de 2 naranjas
la ralladura de la piel de una naranja
1 vaso de nata líquida
3 cucharadas de azúcar
1 cucharada de maicena

Cocer el agua con el azúcar y las ralladuras 5 minutos para hacer un almíbar.

Cortar la pulpa de la calabaza en dados gruesos y cocerla en el almíbar 15 minutos.

Salsa de naranja

Disolver el azúcar en el zumo y cocerlo con la ralladura, añadir la maicena disuelta en unas cucharadas de agua fría y la nata líquida.

Dejar un hervor sin parar de mover y dejar enfriar sin que forme costra.

Servir los dados de calabaza con la crema de naranja por encima.


2 comentarios:

CANTACLARO dijo...

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Jejejeje, pues esa sor "C" si que debe estar a mandíbula batiente viendo a su "careniño rubito" ya grande y pispireto (eso creo, ella con 100 cuando era tu maestra y tu con... cuando ella de 200), disculpa los abusos en el humor, confieso uno de mis pecadillos.

Max, supieras que nunca he dejado de comer recortes de hostias porque algunas familiares monjas Agustinas, no han dejado de traerlas a nuestra casas (incluidas las de mis hermanos). La tarea de comerlos incluye a niños y grandes pues aunque nos saben a nada son "adictivos", ¡cosa grave¡ Habemus cosas en común con un océano de historia de por medio. Las agustinas regentan la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, fundada por los mercedarios en la ciudad de Cali.

Gracias por compartirnos esa experiencia.

Abrazos,

Ana Lucía

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Max Lucero dijo...

Curiosas coincidencias.

Si, cuando yo era niño, cualquier persona de más de 40 años me parecía anciano. Imagino que la percepción de la la edad es inversamente proporcional a los años vividos y esa sea la razón de que a mis 57, Sor C. me siga dando apelativos de niño y a mi, actualmente, cualquier persona de 40 años me parezca un niño.

Tempus fugit.

Max