O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.

martes, 11 de agosto de 2009

Todo

Veía, José en María,
de los ángeles la candidez.
Él, escudero fiel,
su amor día y noche le ofrecía,
y ella ansiosa hasta saciarse, voraz lo recibía.



No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.

Leopoldo María Panero


C/ Mariano José de Larra
Render 3D 20/julio/2009




Ella y yo hacíamos el amor diariamente
Fernando del Paso

Ella y yo hacíamos el amor diariamente.
En otras palabras,
los lunes, martes y los miércoles
hacíamos el amor invariablemente…
Los jueves, los viernes y los sábados,
hacíamos el amor igualmente…
Por último los domingos
hacíamos el amor religiosamente.

Hacíamos el amor compulsivamente.
Lo hacíamos deliberadamente.
Lo hacíamos espontáneamente.

Hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres,
por favor, por supuesto, por teléfono,
de primera intención y en última instancia,
por no dejar y por si acaso,
como primera medida y como último recurso.

Hicimos el amor por ósmosis y por simbiosis:
y a eso le llamábamos hacer el amor científicamente.
Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí:
es decir, recíprocamente.

Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo
y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla,
entonces hacíamos el amor lastimosamente.
Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me
imaginaba que no iba a poder, y no podía,
y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía,
o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de
los dos alcanzaba el orgasmo.
Decíamos entonces que habíamos hecho el amor aproximadamente.

Muchas veces hicimos el amor contra natura,
a favor de natura,
ignorando a natura.

O de noche con la luz encendida,
o de día con los ojos cerrados.
O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia.
O viceversa.

Contentos, felices, dolientes, amargados.
Con remordimiento y sin sentido.
Con sueño y con frió.
Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida,
y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro,
entonces hacíamos el amor inútilmente.

Para envidia de nuestros amigos y enemigos,
hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente.
Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente.
Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquíatras, hacíamos el amor sintomáticamente.

Hacíamos el amor físicamente,
de pie y cantando,
de rodillas y rezando,
acostados y soñando.

Y sobre todo,
y por la simple razón
de que yo la quería así y ella también...
hacíamos el amor… voluntariamente.

2 comentarios:

CANTACLARO dijo...

Deliciosa y acertadamente este poema.

Gracias,

Ana Lucía

.

Max Lucero dijo...

"mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa"

Si, de este pecado no estoy libre (ella no me dejaría mentir) y no seré yo quien arroje ninguna piedra.

Max.