No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar. No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior. Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.
Ella escribe continuamente como un largo pulverizador rociando el aire, y discute continuamente; no hay nada que yo pueda decir que no es en verdad algo más, luego, paro de hablar; y finalmente discute con ella misma afuera de la puerta diciendo algo como- no estoy tratando de impresionarme a mí misma a partir de ti.
pero conozco estará de de regreso, ellas siempre Vuelven.
y a las 5 p. m. estuvo golpeando a la puerta. la dejo entrar
no me demoraré, dijo si no lo deseas. está bien, dije, voy a tomar un baño.
fue a la cocina y comenzó con los platos.
como estar casado, aceptas todo como si así hubiera sido.
Everyday people
Sly and The Family Stone
Gente corriente
A veces tengo razón, pero puedo equivocarme mis propias creencias están en mi canción el carnicero, el banquero, el batería y luego no importa en que grupo estoy porque soy gente corriente, sí, sí
Hay un azul que no puede aceptar al verde por vivir con un gordo, intentando ser un delgado para gustos, colores y así va, y así va y Scooby dooby du bi Oh, sha sha, tenemos que vivir juntos
No soy mejor ni tú tampoco lo eres somos lo mismo sin importar lo que hagamos tú me quieres, me odias, me conoces y entonces no puedes comprender en qué saco estoy porque soy gente corriente
Hay un pelo largo al que no le gusta el pelo corto por ser tan rico, que no ayudará al pobre para gustos, colores y así va, y así va y Scooby dooby du bi Oh, sha sha, tenemos que vivir juntos
Hay un amarillo que no acepta al negro que no acepta al rojo, que no acepta al blanco para gustos, colores y así va, y así va y Scooby dooby du bi Oh, sha sha
porque soy gente corriente porque soy gente corriente porque soy gente corriente porque soy gente corriente
Tras dos horas de conversación y mil razones por tu parte: Tu sabes que así fue y así te lo cuento ¿Demasiado vulgar para tu gusto? Lo siento pero es lo que hay.
El color amarillo representa la traición, por lo cual se solía pintar a Judas con vestido amarillo.
Andrea del Sarto - La Última Cena (Florencia, Abadía de San Salvi)
Andrea del Sarto - La Última Cena -detalle- (Florencia, Abadía de San Salvi)
Siete Crisantemos Joaquín Sabina
Amor prohibido
José Ángel Buesa
Solo tú y yo sabemos lo que ignora la gente al cambiar un saludo ceremonioso y frío, porque nadie sospecha que es falso tu desvío, ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente.
Solo tú y yo sabemos porqué mi boca miente, relatando la historia de un fugaz amorío; y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío... y aún nos arde en los labios algún beso reciente.
Solo tú y yo sabemos que existe una simiente germinando en la sombra de este surco vacío, porque su flor profunda no se ve, ni se siente.
Y así, las dos orillas, tu corazón y el mío, pues, aunque las separa la corriente de un río, por debajo del río se unen secretamente.
Louis Couperus - Emma Bovary en el museo
El amarillo se asocia al adulterio cuando se rompen los vínculos sagrados
del matrimonio, a imagen de los lazos del amor divino, rotos por Lucifer.
Chevalier, Jean & Gheerbrant, Alain. :
Diccionario de símbolos, ed . Herder.2003.
---
Desde luego Lucifer, cómo no: - "¡Quién te trae por aquí?" - preguntó Rodolphe. - "El diablo"- respondió Emma.
---
Cuando se lee Madame Bovary (1857) de Gustave Flaubert hay algo que llama la atención -sobretodo teniendo en cuenta que Flaubert jamás dejaba ni un cabo suelto en sus obras-: la presencia del color amarillo en la vida de Emma Bovary. Ese color está en todas partes: desde las cortinas que dejan pasar "suavemente una densa luz rubia", hasta los vestidos y guantes, sin olvidar el paisaje e incluso la famosa Golondrina, el coche que tantas veces la llevó hacia los brazos de Leon Dupois en Rouan, era un enorme armatoste de color amarillo.
Uno de los instantes en los que el color amarillo da claras muestras del porvenir adúltero que anuncia es cuando Emma ve por primera vez a Rodolphe Boulanger. Él lleva guantes amarillos, mientras que ella viste un vestido amarillo. En el primer contacto de estos futuros amantes, ambos quedan unidos por el color amarillo. Flaubert nos llama la atención sobre el detalle del vestido de Emma:
"Emma (...) en el movimiento que hizo al inclinarse el vestido (era un vestido de cuatro volantes, amarillo, largo de talle, ancho de falda), el vestido se extendió en torno a ella sobre los ladrillos de la sala; y como Emma, acurrucada, vacilara un poco apartando los brazos, los bullones de la tela se hundían a intervalos, según las inflexiones de su corpiño."
Esto por lo que respecta a Rodolphe, pero ¿y con Leon Dupois? También. Baste recordar el reencuentro, tras tres años de separación, entre Emma y Leon, en un teatro de Rouan. Emma lleva esa noche unos guantes de color amarillo. Apoya las manos enfundadas en los guantes, las palmas extendidas, las manos tensas. Parecen un reclamos, esos guantes. Hacen pensar en Margarita Gautier y sus camelias...
¿Y las cortinillas de lona amarilla del coche en el que Emma y Leon hacen el amor en un eterno paseo por toda la ciudad?
Y el golpe final: el papel donde Emma lee que sus muebles están en venta, por deudas, es amarillo. El culmen. El amarillo de la traición que se halla para Emma en los momentos de prometedoras pasiones y futuras desgracias.
Otra heroína que comete adulterio es Effi Briest (Theodor Fontane, 1895). Mientras en el capítulo XVII ella pasea a caballo con Crampas el narrador llama la atención sobre
"el amarillo chillón de las siemprevivas" que "resaltaba nítidamente pese a su afinidad cromática, contra el amarillo de la arena de la que habían brotado"
Mauro Alvarez - "La Regenta"
(Plaza de Alfonso II el Casto, ante la catedral de San Salvador, Oviedo)
O en el capítulo VII de La Regenta (1884-85) de Leopoldo Alas Clarín, cuando Álvaro Mesía medita sobre el lugar idóneo de encuentro con Ana Ozores y de forma inevitable piensa que ese encuentro
"Había de ser en el salón amarillo, en el célebre salón amarillo"
de los Vegallana, en el que tantos tejemanejes amorosos se llevaban a cuentas, nacían y se deshacían...
Libertad
Charles Bukowski
Maximiliam Kurzweil - Mujer con un vestido amarillo