No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar. No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior. Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.
Visto lo visto y tal como nos han dejado el patio, tomo partido.
Que os den.
Max Lucero
"Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar".
Canción del pirata (fragmento)
José de Espronceda
Una de Piratas
J M. Serrat
"La rana o sapo fue sorprendido por la culebra cuando quería comerse alguna alimaña pequeña, pero lo culebra fue sorprendida cuando acababa de comerse al sapo. Y el cocodrilo fue cazado y muerto cuando acababa de tragarse a la culebra. Ahora el hombre era el último peldaño de aquella curiosa relación de fracasos y victorias. La tragedia de un ser era la victoria de otro. Así son todas las demás cosas del mundo -se decía Lope, con ánimo ligero- y hay que andar alerta y madrugar."
Ramón J. Sender
La aventura equinocial de Lope de Aguirre (fragmento)
La del pirata cojo
Joaquín Sabina
Español
León Felipe
Español del éxodo de ayer
y español del éxodo de hoy:
te salvarás como hombre,
pero no como español.
No tienes patria ni tribu. Si puedes,
hunde tus raíces y tus sueños
en la lluvia ecuménica del sol.
Y yérguete… ¡Yérguete!
Que tal vez el hombre de este tiempo…
es el hombre movible de la luz,
del éxodo y del viento.
El color amarillo representa la traición, por lo cual se solía pintar a Judas con vestido amarillo.
Andrea del Sarto - La Última Cena (Florencia, Abadía de San Salvi)
Andrea del Sarto - La Última Cena -detalle- (Florencia, Abadía de San Salvi)
Siete Crisantemos Joaquín Sabina
Amor prohibido
José Ángel Buesa
Solo tú y yo sabemos lo que ignora la gente al cambiar un saludo ceremonioso y frío, porque nadie sospecha que es falso tu desvío, ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente.
Solo tú y yo sabemos porqué mi boca miente, relatando la historia de un fugaz amorío; y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío... y aún nos arde en los labios algún beso reciente.
Solo tú y yo sabemos que existe una simiente germinando en la sombra de este surco vacío, porque su flor profunda no se ve, ni se siente.
Y así, las dos orillas, tu corazón y el mío, pues, aunque las separa la corriente de un río, por debajo del río se unen secretamente.
Louis Couperus - Emma Bovary en el museo
El amarillo se asocia al adulterio cuando se rompen los vínculos sagrados
del matrimonio, a imagen de los lazos del amor divino, rotos por Lucifer.
Chevalier, Jean & Gheerbrant, Alain. :
Diccionario de símbolos, ed . Herder.2003.
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Desde luego Lucifer, cómo no: - "¡Quién te trae por aquí?" - preguntó Rodolphe. - "El diablo"- respondió Emma.
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Cuando se lee Madame Bovary (1857) de Gustave Flaubert hay algo que llama la atención -sobretodo teniendo en cuenta que Flaubert jamás dejaba ni un cabo suelto en sus obras-: la presencia del color amarillo en la vida de Emma Bovary. Ese color está en todas partes: desde las cortinas que dejan pasar "suavemente una densa luz rubia", hasta los vestidos y guantes, sin olvidar el paisaje e incluso la famosa Golondrina, el coche que tantas veces la llevó hacia los brazos de Leon Dupois en Rouan, era un enorme armatoste de color amarillo.
Uno de los instantes en los que el color amarillo da claras muestras del porvenir adúltero que anuncia es cuando Emma ve por primera vez a Rodolphe Boulanger. Él lleva guantes amarillos, mientras que ella viste un vestido amarillo. En el primer contacto de estos futuros amantes, ambos quedan unidos por el color amarillo. Flaubert nos llama la atención sobre el detalle del vestido de Emma:
"Emma (...) en el movimiento que hizo al inclinarse el vestido (era un vestido de cuatro volantes, amarillo, largo de talle, ancho de falda), el vestido se extendió en torno a ella sobre los ladrillos de la sala; y como Emma, acurrucada, vacilara un poco apartando los brazos, los bullones de la tela se hundían a intervalos, según las inflexiones de su corpiño."
Esto por lo que respecta a Rodolphe, pero ¿y con Leon Dupois? También. Baste recordar el reencuentro, tras tres años de separación, entre Emma y Leon, en un teatro de Rouan. Emma lleva esa noche unos guantes de color amarillo. Apoya las manos enfundadas en los guantes, las palmas extendidas, las manos tensas. Parecen un reclamos, esos guantes. Hacen pensar en Margarita Gautier y sus camelias...
¿Y las cortinillas de lona amarilla del coche en el que Emma y Leon hacen el amor en un eterno paseo por toda la ciudad?
Y el golpe final: el papel donde Emma lee que sus muebles están en venta, por deudas, es amarillo. El culmen. El amarillo de la traición que se halla para Emma en los momentos de prometedoras pasiones y futuras desgracias.
Otra heroína que comete adulterio es Effi Briest (Theodor Fontane, 1895). Mientras en el capítulo XVII ella pasea a caballo con Crampas el narrador llama la atención sobre
"el amarillo chillón de las siemprevivas" que "resaltaba nítidamente pese a su afinidad cromática, contra el amarillo de la arena de la que habían brotado"
Mauro Alvarez - "La Regenta"
(Plaza de Alfonso II el Casto, ante la catedral de San Salvador, Oviedo)
O en el capítulo VII de La Regenta (1884-85) de Leopoldo Alas Clarín, cuando Álvaro Mesía medita sobre el lugar idóneo de encuentro con Ana Ozores y de forma inevitable piensa que ese encuentro
"Había de ser en el salón amarillo, en el célebre salón amarillo"
de los Vegallana, en el que tantos tejemanejes amorosos se llevaban a cuentas, nacían y se deshacían...
Libertad
Charles Bukowski
Maximiliam Kurzweil - Mujer con un vestido amarillo
Para el amigo o amiga "anónimo" que fue tan amable de enviar un comentario el miércoles pasado en la entrada "Cada cosa en su sitio":
Catulo no hizo otra cosa que poner en verso los sufrimientos de una enfermedad que desde el albor de los tiempos sufre la humanidad, "EL MAL DE AMORES". El bueno de Catulo lo sufrió intensamente y al cantarlo sentó las bases para que miles de poetas llorasen sus cuitas en verso y lanzaran al aire sus lamentos para que así el mundo supiera que eran unos desgraciados y lo intenso de su sufrir.
Cuernos Joaquín Sabina
De Jean Honore Fragonard - El cerrojo
"Odi et amo. Quare id faciam? fortasse requiris / Nescio, sed fieri sentio et excrucior".
Con el vito, vito, vito, con el vito que me muero, cada hora, niño mío, estoy más metida en fuego.
(Entra Rosita.)
ROSITA.
¡Ay! Que noche tan clarita vive sobre los tejados. En esta hora los niños cuentan las estrellas y los viejos se duermen sobre sus caballos, pero yo quisiera estar: en el diván con Juan, en el colchón con Ramón, en el canapé con José, en la silla con Medinilla, en el suelo con el que yo quiero, pegada al muro con el lindo Arturo y en la gran chaise-longue con Juan, con José, con Medinilla, con Arturo y con Ramón. ¡Ay!, ¡ay!, ¡ay!, ¡ay! Yo me quiero casar, ¿me han oído? Yo me quiero casar con un mocito, con un militar, con un arzobispo, con un general, con un macanudo de macanear y veinte mocitos de Portugal. (Sale.)
El Retablillo de Don Cristóbal (Farsa para guiñol) F. G. Lorca
"La vida nunca puede ser exactamente como queremos que sea.
Podia estar satisfecho sabiendo que tú me amas".
Dedicated To The One I Love (Dedicado a quien amo) The Mamas & the Papas
José Manuel Oli- Existence
Y sin embargo J. Sabina y J. M. Serrat
Me tienes en tus manos...
Jaime Sabines
Me tienes en tus manos y me lees lo mismo que un libro. Sabes lo que yo ignoro y me dices las cosas que no me digo. Me aprendo en ti más que en mi mismo. Eres como un milagro de todas horas, como un dolor sin sitio. Si no fueras mujer fueras mi amigo. A veces quiero hablarte de mujeres que a un lado tuyo persigo. Eres como el perdón y yo soy como tu hijo. ¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo? ¡Qué distante te haces y qué ausente cuando a la soledad te sacrifico! Dulce como tu nombre, como un higo, me esperas en tu amor hasta que arribo. Tú eres como mi casa, eres como mi muerte, amor mío.
Mi hija, "atrapada" en Roma desde hace tres días a causa la nube de cenizas de ese volcán islandés de nombre impronunciable debe estar dando saltos de alegría, me ha llamado diciendo que seguramente mañana -que pena- al fin podrá tomar un vuelo para España. Así que aprovecharé la ocasión para solucionar algunos asuntos y recogerla para llevarla a Salamanca.
Es sorprendente, tal vez por inconsciencia, quizá por ilusión, la facilidad de adaptación a las circunstancias de la gente joven. Si a mi me dicen en Roma que no puedo regresar hasta pasada una semana, es un problema; para ella, una bendición.
- Papá, se han suspendido los vuelos a casa de esa erupción en Islandia y me tengo que quedar unos días más.
- ¿Pero donde vas a alojarte?
- No se, ya encontraré algo.
Y por la noche me llama diciendo que ha conocido a unas chicas españolas del programa Erasmus y se quedará en su casa.
- ¡Qué suerte! ¿no? Ingresamé 200 € en el banco, "porfa". Te he comprado un grabado de la Piazza Navona. ¡Ciao!
Cosas de los 20 años.
Así que, sin planearlo, me marcho unos días y debo confesar a fuerza de ser sincero que no está nada mal visitar a la Villa y Corte y aprovechar para ver algunas cosas que si no fuera por este imprevisto nunca hubiera podido ser. Esto es lo que se llama "a mal tiempo buena cara".
Madrid
Luis de Gongora
Nilo no sufre márgenes, ni muros Madrid, oh peregrino, tú que pasas, Que a su menor inundación de casas Ni aun los campos del Tajo están seguros.
Émula la verán siglos futuros De Menfis no, que el término le tasas; Del tiempo sí, que sus profundas basas No son en vano pedernales duros.
Dosel de reyes, de sus hijos cuna Ha sido y es; zodíaco luciente De la beldad, teatro de Fortuna.
La invidia aquí su venenoso diente Cebar suele, a privanzas importuna. Camina en paz, refiérelo a tu gente.
¿Quién ha robado el sueño de los ojos del niño? Yo lo descubriré.
¡Si le alcanzo ya le daré trabajo! Asaltaré su nido y veré dónde guarda todos los sueños robados.
La arrebataré su botín y me lo llevaré conmigo.
Luego ataré fuertemente las alas de la ladrona y la dejaré al borde del agua. ¡Que se divierta pescando con un junco entre los nenúfares! Y al atardecer, cuando el mercado del pueblo haya acabado y los niños descansen en el regazo de sus madres, entonces los pajarracos de la noche la aturdirán con sus burlas: ‘Ea, ¿a quién le robarás el sueño ahora?’
Rabindranath Tagore
La luna nueva
Escena final de Cinema Paradiso Giuseppe Tornatore (1988)
Fuimos niños manipulados y hombres buscando la palabra.
¡Cuánto silencio bajo el tejado!
Fernando Arrabal
Carta al General Franco
(Comienzo)
Fernando Arrabal
París, 18 de marzo de 1971
Don Francisco Franco
Palacio de El Pardo
España
Excelentísimo Señor:
Le escribo esta carta con amor.
Sin el más mínimo odio o rencor, tengo que decirle que es usted el hombre que más daño me ha causado.
Tengo mucho miedo al comenzar a escribirle:
Temo que esta modesta carta (que me conmueve de pies a cabeza) sea demasiado frágil para llegar hasta usted; que no llegue a sus manos.
Creo que usted sufre infinitamente; sólo un ser que tanto sufre puede imponer tanto dolor en torno suyo; el dolor preside, no sólo su vida de hombre político y de militar, sino incluso sus distracciones; usted pinta naufragios y su juego favorito es matar conejos, palomas o atunes.
En su biografía, ¡cuántos cadáveres! en África, en Asturias, en la guerra civil, en la postguerra...
Toda su vida cubierta por el moho del luto. Le imagino rodeado de palomas sin patas, de guirnaldas negras, de sueños que rechinan la sangre y la muerte.
Deseo que usted se transforme, cambie, que se salve, sí, es decir, que sea feliz por fin, que abandone el mundo de represión, odio, cárcel, buenos y malos que hoy le rodea.
Quizás haya una remota esperanza de que me oiga: siendo niño me llevaron a un acto oficial que usted presidía.
Al llegar usted, entre ovaciones, las autoridades le agasajaron.
Entonces una niña, preparada para ello, se acercó a usted y le tendió un ramo de flores. Luego comenzó a recitar un poema (mil veces ensayado)... Pero, de pronto, presa de emoción, se puso a llorar. Usted le dijo, acariciándole la mejilla:
- No llores, yo soy un hombre como los demás.
¿Es posible que hubiera en sus palabras algo más que el cinismo?
......
¿Quién me ha robado el mes de abril? Joaquín Sabina
Liszt compuso Mazeppa, poema sinfónico basándose en un poema de Victor Hugo: la leyenda de un noble polaco del siglo XVII que, sorprendido en flagrante adulterio con la esposa de un conde celoso, cabalga ensangrentado y desnudo a lomos de un caballo salvaje.
MAZEPPA
Victor Hugo
¡Así, cuando Mazeppa, que ruge y que llora, Ha visto sus brazos, sus pies, sus costados que un sable roza, Todos sus miembros sujetos Sobre un fogoso corcel, alimentado de hierbas marinas, Que humea, y hace brotar el fuego de sus belfos Y el fuego de sus cascos; Cuando en sus nudos se ha enroscado como un reptil, Y ha regocijado con su cólera inútil A sus verdugos jubilosos, Y vuelve a caer finalmente sobre la grupa feroz, El sudor en la frente, la espuma en la boca, Y la sangre en los ojos, Surje un grito; y de repente por la llanura Tanto el hombre como el caballo, desbocados, sin aliento, Sobre las arenas en movimiento, Solos, llenando de ruido un torbellino de polvo Semejante a la nube negra donde serpentea el rayo, Volando con los vientos! Avanzan. Por los valles pasan como una tormenta, Como los huracanes que en los montes se agolpan, Como un globo de fuego; Luego no son ya más que un punto negro en la bruma, Luego se borran en el aire como un copo de espuma En el vasto océano azul. Avanzan. El espacio es grande. En el desierto inmenso, En el horizonte sin fin que siempre recomienza, Se hunden los dos. Su carrera como un vuelo los lleva, y grandes robles, Pueblos y torres, montes negros unidos en largas cadenas, Todo retiembla en torno a ellos. Y si el infortunado, cuya cabeza se quiebra, Se debate, el caballo, que adelanta a la brisa, De un salto más temeroso Se adentra en el desierto vasto, árido, infranqueable, Que ante ellos se extiende, con sus pliegues de arena, Como un manto rayado. Todo vacila y se pinta de colores desconocidos Ve correr los bosques, correr las anchas nubes, El viejo torreón destruido, Los montes cuyos intervalos baña un rayo; Ve; y manadas de humeantes yeguas Lo siguen con gran estrépito. Y el cielo, donde ya se prolongan los pasos de la tarde, Con sus océanos de nubes donde se derraman Más nubes aún, Y su sol que hiende sus olas con su proa, Sobre su frente deslumbrada gira como una rueda De mármol con venas de oro. Su ojo se extravía y brilla, su cabellera arrastra, Su cabeza cuelga; su sangre enrojece la arena amarilla, Los matorrales espinosos; Sobre sus miembros hinchados la cuerda se repliega, Y como una larga serpiente se aprieta y multiplica Su mordedura y sus nudos. El caballo, que no siente ni el bocado ni la silla, No deja de huir, y su sangre no deja de correr y manar, Su carne cae en jirones; ¡Ay! ¡ya a las yeguas ardientes, que lo seguían, irguiendo sus crines colgantes, Las suceden los cuervos! ¡Los cuervos, el búho con el ojo redondo, que se espanta, El águila recelosa de los campos de batalla, y el pigargo, Monstruo desconocido del día, Los oblicuos mochuelos, y el gran buitre leonado Que hurga en los costados de los muertos, donde su cuello rojo y calvo Se hunde como un brazo desnudo! Todos vienen a ensanchar la bandada fúnebre; Todos abandonan, para seguirla, la encina aislada Y los nidos de la casa solariega. Él, sangrando, perdido, sordo a sus gritos de júbilo, Pregunta al verlos: ¿Quién pues, allá arriba, despliega Este gran abanico negro? La noche desciende lúgubre, y sin manto estrellado. El enjambre se encarniza, y sigue, como una jauría alada, Al viajero humeante. Entre el cielo y él, como un torbellino sombrío, Los ve, luego los pierde, y los escucha en la sombra Volar confusamente. Por fin, después de tres días de una carrera insensata, Después de haber franqueado ríos de agua helada, Estepas, bosques, desiertos, El caballo cae ante los gritos de las mil aves de presa, Y su pezuña de hierro sobre la piedra que desmenuza Extiende sus cuatro relámpagos. Ahí está el infortunado yaciente, desnudo, miserable, Moteado de sangre, más rojo que el arce en la estación de las flores. La nube de pájaros sobre él gira y se detiene; Muchos picos ardientes aspiran a roer en su cabeza Sus ojos quemados de llorar. ¡Pues bien! a este condenado que grita y que se arrastra, A este cadáver viviente, las tribus de Ucrania Lo harán príncipe un día. Un día, sembrando los campos de muertos sin sepultura, Resarcirá por los amplios pastizales Al pigargo y al buitre. Su salvaje grandeza nacerá de su suplicio. ¡Un día, de los viejos jefes de los cosacos ceñirá la pelliza, Grande, con ojo fascinado; Y cuando pase, estos pueblos que viven en tiendas, Prosternados, lanzarán la fanfarria estrepitosa A rebotar en torno a él!
II
¡Así, cuando un mortal, sobre el que se extiende su dios, Se ha visto agarrarse aún vivo sobre tu grupa fatal, Genio, ardiente corcel, En vano lucha, ¡ay! tú saltas, tú lo llevas Fuera del mundo real, cuyas puertas quiebras Con tus patas de acero! Tú franqueas con él desiertos, cimas nevadas De los viejos montes, y los mares, y, más allá de las nubes, De las regiones sombrías; Y mil espíritus impuros que tu curso despierta En torno al viajero, insolente maravilla, Apremian a sus legiones. Atraviesa de un vuelo, sobre tus alas llameantes, Todos los campos de lo posible, y los mundos del alma; Bebe del río eterno; En la noche tormentosa o en la noche estrellada, Su cabellera, mezclada a las crines de los cometas, llamea al frente del cielo. Las seis lunas de Herschel, el anillo del viejo Saturno, El polo, redondeando una aurora nocturna Sobre su frente boreal, Lo ve todo; y para él tu vuelo, al que nada cansa, De este mundo sin límite a cada instante desplaza El horizonte ideal. ¿Quién puede saber, salvo los demonios y los ángeles, Lo que sufre siguiéndote, y qué relámpagos extraños En sus ojos refulgirán, Cuando sea quemado en medio de chispas ardientes, ¡Ay! y en la noche cuántas frías alas Vendrán a golpear su frente? Él grita espantado, tú prosigues implacable. Pálido, agotado, expuesto, bajo tu vuelo que lo abruma Él se da por vencido con horror; Cada paso que das parece cavar su tumba. Por fin el término llega… corre, vuela, cae, Y se incorpora ya rey!
Apenas un recuerdo, un vago sueño
de pasados domingos sin iluminarias
donde los camareros se aburrían
en establecimientos de segunda categoría.
Todo lo demás es un recuerdo nostálgico
de prensados días escolares
en el juvenil guardapolvo de los lunes.
Un sueño escaso de lluvias impares,
de noches inconclusas en mi pijama a rayas,
de furtivas huidas sin permiso
y, quizás, de algún funeral sin esperanza.
Años cautivos que huyeron de nosotros
a través de uno textos donde puede leerse:
Hoy no llueve... Domingo...
Quizás mañana muertos...
Mi padre me ha pegado...
Ya no hay amor... La una menos diez...
Huimos...
Y huimos para siempre.
Cruzados hacen cruzados, Escudos pintan escudos, Y tahúres muy desnudos Con dados ganan condados; Ducados dejan ducados, Y coronas majestad, ¡Verdad!
Pensar que uno sólo es dueño
De puerta de muchas llaves,
Y afirmar que penas graves
Las paga un mirar risueño,
Y entender que no son sueño
Las promesas de Marfira,
¡Mentira!
Todo se vende este día, Todo el dinero lo iguala; La corte vende su gala, La guerra su valentía; Hasta la sabiduría Vende la Universidad, ¡Verdad!
En Valencia muy preñada
Y muy doncella en Madrid,
Cebolla en Valladolid
Y en Toledo mermelada,
Puerta de Elvira en Granada
Y en Sevilla doña Elvira,
¡Mentira!
No hay persona que hablar deje Al necesitado en plaza; Todo el mundo le es mordaza, Aunque él por señas se queje; Que tiene cara de hereje Y aun fe la necesidad, ¡Verdad!
Siendo como un algodón,
Nos jura que es como un hueso,
Y quiere probarnos eso
Con que es su cuello almidón,
Goma su copete, y son
Sus bigotes alquitira
¡Mentira!
Cualquiera que pleitos trata, Aunque sean sin razón, Deje el río Marañón, Y entre el río de la Plata; Que hallará corriente grata Y puerto de claridad ¡Verdad!
Siembra en una artesa berros
La madre, y sus hijas todas
Son perras de muchas bodas
Y bodas de muchos perros;
Y sus yernos rompen hierros
En la toma de Algecira,
¡Mentira!
Verdad, mentira Paco Ibañez
Miénteme bien Concha Buika
A la sombra de una mentira
Rosendo y Luz Casal
Es mentira Joaquín Sabina
Mentira Manu Chao
El Bosque - Mentiras
TUS MANOS Y LA MENTIRA
NAZIM HIKMET
Graves como las piedras, Tristes como canciones de presidio, Pesadas y macizas como bestias de carga, Tus manos se parecen al rostro endurecido de los niños hambrientos.
Ágiles, laboriosas como abejas, Pródigas como ubres desbordantes de leche, Intrépidas lo mismo que la naturaleza, Bajo su dura piel, tus manos guardan la amistad y el afecto.
No está nuestro planeta sostenido por los cuernos de un buey: Tus manos lo sostienen...
¡Qué hombres, nuestros hombres! Los mantienen a fuerza de mentiras, Siendo que andan hambrientos, Faltos de carne y pan, Y dejan este mundo, al que cargan de frutos, Sin poder verlos en la mesa propia ni siquiera una vez.
¡Qué hombres, nuestros hombres! Sobre todo los de Asia, los de África, del medio Oriente, del Cercano Oriente, los de las tantas islas del Pacífico y los de mi país, es decir, mucho más del setenta por ciento de los hombres del mundo: Están adormecidos, están viejos, Siendo listos y jóvenes como lo son sus manos...
¡Qué hombres, nuestros hombres! Ustedes, mis hermanos de América o Europa, Tan alertas y audaces, A quienes, sin embargo, los aturden lo mismo que a sus manos, Y les mienten, y los hacen marchar...
¡Qué hombres, nuestros hombres! Si mienten las antenas de las radios, Si mienten las enormes rotativas, Si miente el libro y mienten los afiches, Si mienten los anuncios de los diarios, Si mienten las desnudas piernas de las muchachas en el teatro y en el cine, Si hasta mienten las canciones de cuna, si miente el sueño, si el pecado miente, si miente el violinista de la boite, Si miente el plenilunio en las noches sin ninguna esperanza, Si mienten la palabra, el color y la voz, Si miente el que te explota, El que explota tus manos, Si todo el mundo y todas, todas las cosas mienten, a excepción de tus manos, Es para que tus manos siempre sean dóciles como arcilla, ciegas como la noche, idiotas como el perro del pastor, Y para que jamás se subleven tus manos
Y para que no acabe jamás tanta injusticia -Ideal del traficante- Sobre este mundo nuestro, este mundo mortal Donde poder vivir sería lo mejor.