O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.
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domingo, 1 de mayo de 2011

1º de mayo


Hoy me vestiré de la manera más elegante que me sea posible, en el ojal de la chaqueta la insignia que más de por el c.... a damas y señoritos de "derechas de toda la vida" y a los "listos y modelnos" de nuevo cuño adoradores del dios "Mercado", orgulloso pasearé por calle Santa Eulalia y Plaza de España y beberé unos vinos a la salud de los olvidados "Mártires de Chicago", otra por sus "8 horas de trabajo, 8 de ocio y 8 de sueño" y otra a la "salud" de Juan Pablo II (tiene narices que beatifiquen a tal personaje tal día como hoy, pero ya se sabe: la Iglesia no da puntada sin hilo), que todos ellos descansen en paz, después me refugiaré en mi "fortín" y leeré al bueno de Sabato que ayer nos abandono (Sit tibi terra levis). Espero no llorar...


Giuseppe Pellizza da Volpedo - Il quarto stato


Novecento (1900)
Bernardo Bertolucci
Romanzo-B.S.O. (Ennio Morricone)





martes, 29 de diciembre de 2009

Náufragos, solitarios, crueles... Humanos, demasiado humanos

"Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave".
César Vallejo







Currículum
Mario Benedetti

El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente

usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica

usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros

usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío

entonces
usted muere.


"Pero el cielo de París
No es cruel mucho tiempo".

Edith Piaf


Bajo el cielo de París

Bajo el cielo de París
Vuela una canción
Hum Hum
Nacida hoy
En el corazón de un muchacho
Bajo el cielo de París
Pasean los enamorados
Hum Hum
Su felicidad se construye
Sobre un ambiente creado para ellos

Bajo el puente de Bercy
Un filósofo sentado
Dos músicos algo curiosos
Luego la gente a millares
Bajo el cielo de París
Cantan hasta el atardecer
Hum Hum
El himno de un pueblo enamorado
De su vieja ciudad

Cerca de Notre Dame
A veces surge un drama
Sí, pero en Paname
Todo puede arreglarse
Algunos rayos
Del cielo estival
El acordeón
De un marinero
Florece la esperanza
Al cielo de París

Bajo el cielo de París
Fluye un río alegre
Hum Hum
Duermen en la noche
Los vagabundos y los mendigos
Bajo el cielo de París
Los pájaros del Bon Dieu
Hum Hum
Vienen del mundo entero
Para hablar entre ellos

Y el cielo de París
Tiene su propio secreto
Tras veinte siglos está enamorado
De nuestra isla Saint Louis
Cuando ella le sonríe
El se pone su vestido azul
Hum Hum
Cuando llueve sobre París
Es que es infeliz
Cuando está demasiado celoso
De sus millones de amantes
Hum Hum
Hace tronar sobre nosotros
Su "brrrrrum" estruendoso
Pero el cielo de París
No es cruel mucho tiempo
Hum Hum
Para hacerse perdonar
Ofrece un arco en el cielo

martes, 17 de marzo de 2009

Last Tango in Paris


Paul (Marlon Brando): —El sillón va junto a la ventana. Así.

Jeanne (Maria Schneider): —Yo sólo vine a devolver la llave.

—La llave me da igual. Quítate el abrigo y ayúdame. Coge esas sillas y tráelas aquí. Ponlas en el otro lado.

—Bien. Coge eso también.

—¡Escuche, monsieur! Me tengo que ir. ¡Señor! Me tengo que ir.

—La cama es demasiado grande para la habitación.

—No sé cómo llamarle.

—No tengo nombre.

—¿Quiere saber el mío?

—¡No, no! No quiero. No quiero saber tu nombre. Tú no tienes nombre y yo tampoco. Sin nombres.

—¡Está loco!

—Quizá, pero no quiero saber nada acerca de ti. No quiero saber dónde vives ni de dónde eres. No quiero saber nada.

—Me está asustando.

—Tú y yo nos vamos a encontrar aquí, sin saber nada de lo que pase ahí fuera. ¿De acuerdo?

—¿Pero, por qué?

—Porque... porque aquí no necesitamos nombres. ¿No lo entiendes? Vamos a olvidarnos de todo lo que conocemos. De todo el mundo, de todo lo que hacemos... de donde vivimos. Vamos a olvidarnos de eso, de todo, de todo.

—Pero yo no puedo. ¿Tú puedes?

—No lo sé. ¿Tienes miedo?

—No.

—Ven.