O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.
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lunes, 15 de noviembre de 2010

De ideales, héroes y mártires


Jean-Léon Gérôme - La última oración de los mártires cristianos




Mourir pour des Idées
Georges Brassen


Morir por las ideas

Morir por las ideas, la idea es excelente
yo he estado a punto de morir por no haberla tenido,
pues todos los que la tenían, multitud agobiante,
ahuyando a la muerte, me han caído encima.
Ellos han sabido convencerme y mi musa insolente,
abjurando de sus errores, se ha unido a su fe
con un poco de reserva en todo caso:
Muramos por las ideas, de acuerdo, pero de muerte lenta,
de acuerdo, pero de muerte lenta.




Juzgando que no hay peligro en la tardanza,
vayamos hacia el otro mundo ganduleando por el camino,
pues, si forzamos la marcha, sucede que se muere
por unas ideas que no tienen futuro el día de mañana.
Y si hay una cosa amarga, desoladora
al entregar el alma a Dios, es darse cuenta
que hemos equivocado el camino, que nos hemos equivocado de idea:
Muramos por las ideas, de acuerdo, pero de una muerte lenta
de acuerdo, pero de una muerte lenta.





Los charlatanes que predican el martirio
normalmente, por otra parte, se rezagan aquí abajo.
Morir por las ideas, todo hay que decirlo,
es su razón de vivir, y no se privan de ello.
En casi todas partes se ve que superan
fácilmente a Matusalén en la longevidad,
y yo concluyo que ellos deben decirse, bajito:
“Muramos por las ideas, de acuerdo, pero de muerte lenta
de acuerdo, pero de muerte lenta”.


A las ideas que reclaman el cacareado sacrificio
las sectas de toda índole les ofrecen retahílas enteras
y la cuestión se plantea a la victimas novatas
morir por las ideas, esta bien, pero por cuál?
Y como todas se parecen entre sí
cuando las ve venir, con su gran bandera,
el sabio titubea y duda delante de la tumba.
Muramos por las ideas, de acuerdo, pero de muerte lenta
de acuerdo, pero de muerte lenta.




¡Y si aún bastasen algunas hecatombes
para que finalmente todo cambiase, finalmente todo se arreglase!
Después de tantas “grandes noches”(1), de tantas cabezas cortadas,
ya tendríamos el paraíso sobre la tierra.
Pero la edad de oro sin cesar se pospone,
los dioses tienen siempre sed, nunca tienen suficiente
y he aquí la muerte, la muerte que siempre vuelve a empezar...
Muramos por las ideas, de acuerdo, pero de muerte lenta
de acuerdo pero de muerte lenta.


Oh vosotros, los agitadores, oh vosotros los buenos apóstoles
morid, pues, los primeros, os cedemos el sitio.
Pero por favor, joder! dejad vivir a los demás!
La vida es casi el único lujo aquí abajo
pues, finalmente, la Muerte está siempre vigilante
y no es necesario ayudarle con la guadaña.
¡Basta de danzas macabras alrededor de los patíbulos!
Muramos por las ideas, de acuerdo, pero de muerte lenta,
de acuerdo pero de muerte lenta.

(1): Grands soirs: Revolución, movimiento social en el vocabulario de los anarquistas.

martes, 5 de octubre de 2010

Paréntesis


Contra ira, templanza, dice la iglesia. No es mal consejo y visto como está el patio lo mejor es hacerse invisible. Así que por la mañana temprano abandoné sigilosamente la casa, llamada telefónica al mediodía anunciando que merendaría -cualquier cosa- fuera y por la tarde, exilio en mi leonera acompañado de Villon. Bajé cuando la Dama simulaba dormir, un beso en la mejilla que trató de esquivar y con una suave queja como replica a mi "que descanses" terminó el día. Como esperaba indiferencia, presumo que las cosas no pintan tan mal.

Mientras yo cenaba en la cocina, ella leía en el salón y no paré de tararear "Balada de las damas de antaño", se que molesta y si he de rendirme, que sea con algo de dignidad.


Ballade des dames du temps jadis
Françoise Villon (traducción Agustin García Calvo)
Georges Brassens,


Balada de las damas de antaño

D
ecid dónde ni en qué lugar
Flora está, la bella romana,
Archipiada y Taide sin par
que fue diz que su prima hermana
y Eco, que en lago que en fontana
va todo ruido a responder,
que de hermosa fue más que humana:
¿dónde están las nieves de ayer?

¿Dónde está Eloísa sutil
por quien fue capado a rebana
Abelardo y, monje por fin,
tal baldón por su amor se gana,
y asimismo la reina vana
que a Buridán mandó meter
para echarlo al Sena en botana:
¿dónde están las nieves de ayer?

Reina blanca como jazmín
que cantaba en voz meridiana,
Berta Larga, Lisa, Bietriz,
Aramburguis la capitana
y la gran lorenesa Juana,
la que en Ruán quemó el inglés,
¿dónde están, Virgen soberana,
dónde están las nieves de ayer?

Si indagáis, señor, de mañana
o de tarde por dónde estén,
ya el estribillo os lo devana:
¿dónde están las nieves de ayer?

martes, 1 de diciembre de 2009

Señora, por usted no pasan los años



Ayer, cuando paseaba por la calle Santa Eulalia, observe señora que tú caminabas unos pasos delante al lado de su señor marido y, debo reconocer que en todos estos años -a los dioses, gracias le sean dadas-, no has cambiado nada, nada...


De ella ver quisiera su andar amable

Y la clara luz de su rostro antes

Que a los carros lidios o a mil guerreros
Llenos de armas...

La luna luminosa huyó con las Pléyades.
La noche silenciosa ya llega a la mitad
La hora ya pasó y en vela sola en mi lecho,
suelto la rienda al llanto sin esperar piedad.

Safo




Aphrodite Kallipygos
Render 3D 30/12/2009


Himno en honor a Afrodita
Safo de Lesbos

¡Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolosa:
No me acongojes con pesar y tedio
Ruégote, Cripria!
Antes acude como en otros días,
Mi voz oyendo y mi encendido ruego;
Por mi dejaste la del padre Jove
Alta morada.
El áureo carro que veloces llevan
Lindos gorriones, sacudiendo el ala,
Al negro suelo, desde el éter puro
Raudo bajaba.
Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante
Te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora?
-me preguntabas-
¿Arde de nuevo el corazón inquieto?
¿A quién pretendes enredar en suave
Lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
Mísera Safo?
Que si te huye, tornará a tus brazos,
Y más propicio ofreceráte dones,
Y cuando esquives el ardiente beso,
Querrá besarte.
Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple,
Liberta el alma de su dura pena;
Cual protectora, en la batalla lidia
Siempre a mi lado.




Oda a Afrodita
Safo de Lesbos

¡Tú que te sientas en trono resplandeciente,
inmortal Afrodita!
¡Hija de Zeus, sabia en las artes de amor, te suplico,
augusta diosa, no consientas que, en el dolor,
perezca mi alma!
Desciende a mis plegarias, como viniste otra vez,
dejando el palacio paterno, en tu carro de áureos atalajes.
Tus lindos gorriones te bajaron desde el cielo,
a través de los aires agitados por el precipitado batir de sus alas.
Una vez junto a mí, ¡oh diosa!, sonrientes tus labios inmortales,
preguntaste por qué te llamaba, qué pena tenía,
qué nuevo deseo agitaba mi pecho,
y a quién pretendía sujetar con los lazos de mi amor.
Safo, me dijiste, ¿quién se atreve a injuriarte?
Si te rehuye, pronto te ha de buscar;
si rehúsa tus obsequios, pronto te los ofrecerá él mismo.
Si ahora no te ama, te amará hasta cuando no lo desees.
¡Ven a mí ahora también, líbrame de mis crueles tormentos!
¡Cumple los deseos de mi corazón, no me rehúses tu
ayuda todopoderosa!


Lamento:
Dulce madre mía, no puedo trabajar,
el huso se me cae de entre los dedos
Afrodita ha llenado mi corazón
de amor a un bello adolescente
y yo sucumbo a ese amor.





Diego Rodríguez de Silva y Velázquez - Venus del Espejo


Venus callipyge
Georges Brassens


Venus Calipigia

Que nunca el arte abstracto, que nos tiraniza hoy día
Arranque a tus encantos este volumen asombroso.
En el tiempo donde los culos postizos son mayoría
Gloria a este que dice toda la verdad.
Tu espalda pierde su nombre con tanta gracia
Que no puede uno más que darle la razón.
Ojalá fuera yo, señora, un poeta de raza
Para decir en su honor una oda inmortal
Al verlo pasar, se me pone la carne de gallina
En fin, desde que vine al mundo le profeso
Un culto verdadero y, cuando pierdo a las bolas,
Al besar a Fanny(1), no pienso más que en usted.
Para obtener, señora, unas curvas de ese calibre
Debe usted torturar a la gente de su alrededor
dar mucha guerra a las costureras
Y debe usted de agotar a su dama de compañía
Es el Duque de Bordeaux (2) el que va con la cabeza baja,
Pues se parece al mío (culo) como dos gotas de agua
Si se pareciese al vuestro (culo), se diría, cuando pasa
“¡Qué bonito muchacho es el duque de Bordeaux!”
No le haga ningún caso a los envidiosos que pregonan
Que ha colocado usted su orgullo un poco bajo
Que presume usted demasiado de sus nalgas
Y sobre todo, por favor, no se siente usted.
Déjelos contar que al salir de la calesa
La brisa levantó su vestido y que se vió
Escrito en un corazón atravesado por una flecha
Esta expresión trivial: “A Julito para siempre”.
Déjelos decir también que en la corte de Inglaterra
Haciendo la reverencia a los soberanos ingleses
¡Catacrás! Se cayó usted de culo.
La ley de la gravedad es dura, pero es la ley.
Nadie puede hoy día morir sin ver Nápoles
Al asalto de las obras maestras quieren todos correr
Mis ambiciones son mucho más razonables
Ver vuestro cuerpo desnudo, señora, y luego morir. (3)
Que nunca el arte abstracto, que nos tiraniza hoy día
Arranque de sus encantos este volumen asombroso
En el tiempo donde los culos postizos son mayoría
Gloria a éste que dice toda la verdad.


(1) Juego francés en el que pierde debe de besar una tabla que tiene forma de mujer.

(2) El duque de Bordeaux en Francia es el equivalente en fealdad al Picio español.
(3) Académie: en Arte hace referencia al cuerpo desnudo.

No puedo quitar mis ojos de ti
Matt Monro





martes, 18 de agosto de 2009

L'orage

La Tormenta

Escuchando el disco que me regaló Didie observo cuanto coincidimos Brassens y yo, no solo en el lunar en la mejilla, Nadine, sino en gustos metereológicos también: No no gusta el buen tiempo





Habladme de la lluvia y no del buen tiempo
El buen tiempo me disgusta y me hace rechinar los dientes
El azul del cielo me pone furioso
Pues el amor más grande que he tenido aquí en la tierra
Se lo debo al mal tiempo, se lo debo a Júpiter
Me cayó de un cielo tormentoso.

Una noche de noviembre, a caballo sobre los tejados
Un señor trueno, con un ruido de mil demonios
Encendía sus fuegos de artificio,
Saltando de su cama en camisón
Mi vecina enloquecida vino a llamar a mi puerta
Solicitando mis buenos quehaceres

“Estoy sola y tengo miedo, ábrame, por favor,
mi esposo acaba de irse a realizar su dura tarea,
pobre mercenario desafortunado,
obligado a dormir fuera cuando hace mal tiempo
por la simple razón de que es representante
de una casa de pararrayos”

Bendiciendo el nombre de Benjamín Franklin
La puse en sitio seguro entre mis brazos cariñosos
Y luego el amor hizo el resto.
Tú, que siembras pararrayos por doquier,
¿Que no has puesto uno en tu propia casa?
Error no lo hay más funesto.

Cuando Júpiter fue a hacerse oir en otra parte,
La guapa, habiendo por fin conjurado su temor
Y habiendo recobrado todo su coraje
Volvió a su casa para secar a su marido
Dándome cita para los días de intemperie
Cita en la próxima tormenta.

A partir de ese día ya no he bajado la mirada
He consagrado mis días a contemplar los cielos
A mirar pasar las nubes
A acechar los estratos, a vigilar los nimbos
A rogarle a los menores cúmulos,
Pero ella no ha vuelto.

Su buen marido había hecho tantos negocios
Vendido tantas puntitas de hierro aquella noche
Que se convirtión en millonario
Y se la llevó hacía cielos siempre azules
Hacia países tontos donde nunca llueve
Donde no se sabe nada de los truenos.

Dios quiera que mi queja vaya, corriendo corriendo
A hablarle de la lluvia, a hablarle del mal tiempo
En el que estuvimos juntos
A contarle que cierto rayo asesino
En el centro de mi corazón ha dejado el dibujo
De una florecilla que se le parece.