O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.
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domingo, 16 de agosto de 2009

Povo Que Lavas no Rio

Pensé que, al no usar el flash, el momento mágico con el fado que conté el otro día se había perdido y la noche de fados a la sombra de la estatua, y en el lugar donde correteó de niño, el Santo Pedro de Alcántara solo quedaría en mis recuerdos. Pero hoy, revisando las fotografías de la cámara, una de todas ella es medio decente, al menos me servirá para recordarlo.
Así que aprovecho la ocasión y cuelgo otro de los fados que cantó: Povo Que Lavas no Rio, en una de las versiones que más me gusta, la de Dulce Pontes.




Pueblo que lavas en el río

Pueblo que lavas en el río,
que tallas con tu hacha
las tablas de mi ataúd.
Puede haber quien te defienda,
quien compre tu suelo sagrado,
pero tu vida, no.

Me acerqué a la mesa redonda
para beber en un pocillo que esconde
un beso de mano en mano.
Era el vino que me diste
agua pura, fruto agreste,
pero tu vida, no.

Aromas de urce y de lodo,
dormí con ellos en la cama,
tuve la misma condición.
Pueblo, pueblo, yo te pertenezco,
me diste alturas de incienso,
pero tu vida, no.



viernes, 14 de agosto de 2009

Primavera

"Todo o amor que nos prendera
Como se fora de cera
Se quebrava e desfazia
Ai funesta primavera"

La semana pasada, de madrugada, paseaba por un pueblo de Cáceres tras asistir a un festival de teatro; desde el silencio de una callejuela me llegaron las notas tristísimas de este fado en el que una mujer llora la muerte de su amante, -algunos dicen que Primavera es el FADO- a mi me recuerda el coro de las tragedias griegas. No me lo podía creer. Corrí en busca de la dueña de la voz y en mitad de una plazoleta, a oscuras, tan solo iluminada por velas, acompañada de dos músicos (un hombre y una mujer), vestida de negro y violeta desgarraba las notas del fado ante unos cien espectadores que los rodeaban sentados en la escalinata de una iglesia renacentista.
Me senté a escasos dos metros de ella (Roçário, es su nombre y no es portuguesa sino de la raya -Cáceres-), podía sentir su respiración mientras desgranaba una selección de fados clásicos. No era Mariza, pero todavía siento escalofríos...