O "el nido del cuco", si te gusta más.

No son las 1000 mejores canciones de la historia, ni los 500 mejores poemas, ni los 100 mejores libros, ni tan siquiera las 10 mejores películas, ni los mejores sabores, olores o sensaciones. Son lo que se me ha pegado y sigue pegándose en la piel a lo largo de las décadas que he tenido la suerte de presenciar. Algo que a modo de Jukebox virtual, en el que pueda tener a mano la música, pinturas, fotográfias, etc. que se encuentran desparramadas a lo largo del camino.
Lo que silbo al caminar.
No es nostalgia y por supuesto que, cualquier tiempo pasado tan solo fue, anterior.
Escríbeme un comentario si en algo coincidimos.
Mostrando entradas con la etiqueta Loreena McKennitt. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Loreena McKennitt. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de septiembre de 2010

Me voy p'a Graná


Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada.
Francisco Alarcón de Icaza



The Mystic's Dream
(Concierto en el Palacio de Carlos V, La Alhambra de Granada)
Loreena McKennitt



Unos buenos amigos me han invitado a pasar el fin de semana en su casa y mañana, al alba, me voy para Granada. Si alguno de ustedes está por la allá tal vez nos veamos (paseando desde la puerta de Elvira a la de Vivarrambla, en el Generalife o contemplando una de las más bellas puesta de sol que nos son dadas de contemplar en el planeta). Sino fuera así, hasta el lunes.




Romance de la pérdida de Alhama
Romancero

Paseábase el rey moro — por la ciudad de Granada
desde la puerta de Elvira — hasta la de Vivarrambla.
—¡Ay de mi Alhama!—
Cartas le fueron venidas — que Alhama era ganada.
Las cartas echó en el fuego — y al mensajero matara,
—¡Ay de mi Alhama!—
Descabalga de una mula, — y en un caballo cabalga;
por el Zacatín arriba — subido se había al Alhambra.
—¡Ay de mi Alhama!—
Como en el Alhambra estuvo, — al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas, — sus añafiles de plata.
—¡Ay de mi Alhama!—
Y que las cajas de guerra — apriesa toquen el arma,
porque lo oigan sus moros, — los de la vega y Granada.
—¡Ay de mi Alhama!—
Los moros que el son oyeron — que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos — juntado se ha gran batalla.
—¡Ay de mi Alhama!—
Allí fabló un moro viejo, — de esta manera fablara:
—¿Para qué nos llamas, rey, — para qué es esta llamada?
—¡Ay de mi Alhama!—
—Habéis de saber, amigos, — una nueva desdichada:
que cristianos de braveza — ya nos han ganado Alhama.
—¡Ay de mi Alhama!—
Allí fabló un alfaquí — de barba crecida y cana:
—Bien se te emplea, buen rey, — buen rey, bien se te empleara.
—¡Ay de mi Alhama!—
Mataste los Bencerrajes, — que eran la flor de Granada,
cogiste los tornadizos — de Córdoba la nombrada.
—¡Ay de mi Alhama!—
Por eso mereces, rey, — una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino, — y aquí se pierda Granada.
—¡Ay de mi Alhama!—






Y prometo dar limosna a un ciego si con él me cruzara.
(Si fuera de la ONCE le compraré un cupón, claro).

Sed Felices



domingo, 1 de agosto de 2010

Pero de tu mano...



Never-ending Road
Loreena McKennitt




El camino interminable

Ahora el camino te hace avanzar ,
en la medida en que se puede.
Sendas tortuosas,
y setos por todas partes.,
A través de montañas púrpuras,
y al doblar en cada curva,
todos los caminos llegarán a ti.
No hay viaje de retorno.

Aquí está mi corazón, te lo regalo,
llévame contigo a través de esta tierra.
Estos son mis sueños, tan simples, tan pocos.
Sueños que aferramos en las palmas de nuestras manos.

En medio del invierno,
entre la nieve que cae,
desde arriba.
Mientras las campanas repican,
y ahora, con todos a mi alrededor,
te siento todavía aquí.
Así es el viaje,
sin misterios que temer.

Aquí está mi corazón, te lo regalo,
llévame contigo a través de esta tierra.
Estos son mis sueños, tan simples, tan pocos.
Sueños que aferramos en las palmas de nuestras manos.

Ahora el camino te hace avanzar,
no sé adónde.
Siento en mi corazón,
que estarás allí.
Siempre que se avecine una tormenta,
sin importar nuestros temores,
el viaje continuará
tu amor siempre estará cerca.

Aquí está mi corazón, te lo regalo,
llévame contigo por esta tierra.
Estos son mis sueños, tan simples, tan pocos.
Sueños que aferramos en las palmas de nuestras manos.

.....
....
...
..
.


... Buenas noches.



sábado, 10 de abril de 2010

Señora Mangasverdes



Greensleeves
Milladoiro










Dante Gabriel Rossetti - Greensleeves

Greensleeves
Jeff Beck



La leyenda asegura que "Greensleeves" fue compuesta por el Rey Enrique VIII de Inglaterra (1491-1547) para su amante y futura reina consorte Ana Bolena. Ana, que era la hija más joven de Tomás Bolena, primer conde de Wiltshire, rechazaba los intentos de Enrique de seducirla ya que no quiso convertirse en una más de sus amantes, como le había ocurrido a su hermana, y le pidió, antes de entregarse a él, que consiguiera el divorcio de su actual esposa, Catalina de Aragón, y la convirtiese a ella en la nueva reina de Inglaterra. Enrique VIII se obsesionó con esta mujer que le negaba sus favores sexuales. A este rechazo aparentemente se alude en la canción, cuando el autor escribe «cast me off discourteously» («me repudias descortésmente»).

No se sabe si la leyenda es cierta, pero "se non è vero, è ben trovato".

The Tudors
(Serie TV-2007)


Dante Gabriel Rossetti - My Lady Greensleeves

Greensleeves
Loreena Mckennit









Greensleeves
Mangas Verdes

Ay, amor me malinterpretas
al rechazarme de forma tan descortés
Y yo te he amado tanto tiempo
Disfrutando con tu compañia.
Greensleeves era todo mi placer
Greensleeves mi corazón de oro
Greensleeves era la alegría de mi corazón
Y quién sino mi Lady Greensleeves.

Me has tenido comiendo de tu mano
Para concederte tus deseos
He removido cielo y tierra
Para tener tu voluntad y tu amor.

Greensleeves era todo mi placer
Greensleeves mi corazón de oro
Greensleeves era la alegría de mi corazón
Y quién sino mi Lady Greensleeves.

Enaguas de satén blanco
Bordadas magnificamente en oro
Enaguas blancas y de seda
Que yo te compré feliz
Greensleeves era todo mi placer
Greensleeves mi corazón de oro
Greensleeves era la alegría de mi corazón
Y quién sino mi Lady Greensleeves.


Fantasía sobre Greensleeves
Ralph Vaughan Williams







domingo, 21 de marzo de 2010

La cordura


"O de las ingles de unos muslos llenos,
correrá siempre, desbandada y loca
libre y presa y perdida en su locura".
Rafael Alberti


John William Waterhouse - The Lady Of Shallot

The Lady of Shalott
Loreena McKennitt




A
ambos lados del río se despliegan
anchos campos de cebada y centeno,
que decoran la tierra y se reúnen con el cielo;
y a través del campo se extiende el camino
que va hacia las torres de Camelot;
y la gente va y viene,
contemplando el lugar donde se balancean los lirios
alrededor de la isla de allí abajo,
la isla de Shalott.

Los sauces palidecen, tiemblan los álamos,
las leves brisas se ensombrecen y tiemblan
en las olas que discurren sin cesar
por el río que rodea la isla
fluyendo hacia Camelot.

Cuatro muros grises y cuatro torres grises,
dominan un lugar rebosante de flores,
y la silenciosa isla aprisiona
a la Dama de Shalott.

Sólo los segadores, segando temprano
entre la espesura de cebada,
escuchan un canto que resuena vivamente
desde el río transparente que serpea,
hacia las torres de Camelot:
Y a la luz de la luna, el cansado segador,
apilando los fajos en aireadas mesetas,
al escucharla, murmura: "Es el hada,
la Dama de Shalott".

Allí, noche y día,
teje un mágico lienzo de alegres colores.
Ha oído un susurro advirtiéndole
que una maldición caerá sobre ella
si mira hacia Camelot.
Desconoce el tipo de que maldición es,
y debido a ello teje sin parar,
sin preocuparse de nada más,
la Dama de Shalott.
Y moviéndose a través de un cristalino espejo
colgado todo el año ante ella,
aparecen las tinieblas del mundo.

Ve la cercana calzada
discurriendo hacia Camelot:
ve los arremolinados torbellinos del río,
los rudos patanes pueblerinos,
y las capas rojas de las muchachas,
provinientes de Shalott.

Y a veces, a través del azul espejo
los caballeros vienen cabalgando en pares:
No tiene un caballero leal y franco,
la Dama de Shalott.

Pero aún gozando en tejer en su lienzo
las visiones del mágico espejo,
-cuando a menudo en las noches silenciosas
un funeral, con velas, penachos y música,
se dirigía hacia Camelot;
o cuando la luna estaba en lo alto,
y llegaban dos amantes recién casados-
"Cansada estoy de las sombras",
dijo la Dama de Shalott.

A tiro de arco de su alero,
cabalgaba entre los fajos de cebada,
el sol resplandecía por entre las hojas,
y llameó en las grebas de bronce
del intrépido Lancelot.
Un cruzado de rodillas para siempre
ante una dama en su escudo,
que resplandecía entre los dorados campos,
cercanos a la remota Shalott.

Bajo el azul del despejado día
brillaba la lujosa montura de cuero,
el yelmo junto con su pluma
ardían juntos en una única llama,
mientras él cabalgaba hacia Camelot.
Desde la orilla y el río
Brilló en el cristalino espejo,
"Tirra lirra", por el río
cantaba Sir Lancelot.

Ella dejó el lienzo, dejó el telar,
dio tres pasos por la habitación,
vio florecer el lirio en el agua,
vio la pluma y el yelmo,
y miró hacia Camelot.

La tela salió volando y ondeó en el vacío;
El espejo se quebró de lado a lado;
"la maldición cae sobre mí",
gritó la Dama de Shalott.

Tensos, bajo el tormentoso viento del este,
los dorados bosques empalidecían,
la corriente gemía en la ribera,
el cielo encapotado llovía fuertemente
sobre las torres de Camelot;

Ella descendió y halló una barca flotando
junto al tronco de un sauce,
y alrededor de la proa escribió
"La Dama de Shalott".
Y en la oscura extensión río abajo
-como un audaz vidente en trance,
contemplando su infortunio
-con turbado semblante
miró hacia Camelot.

Y en el ocaso del día
soltó las amarras y se marchó.
La amplia corriente la llevó lejos, lejos,
La Dama de Shalott.

Oyó una balada muy triste, mística
Cantado en voz alta, de forma humilde,
Hasta su sangre se fue congelando lentamente,
Y sus ojos totalmente se oscurecieron
Con la vista clavada en Camelot.

Y yendo su proa a la deriva
entre campos y colinas de sauces,
oyeron cantar su última canción,
a la Dama de Shalott.

Bajo numerosas torres y muchos balcones,
por jardines, muros y galerias,
una forma reluciente pasó flotando.
Palida como la muerte entre las altas almenas.
Silencio en Camelot.

Al embarcadero llegaron
caballero y burgués, señor y dama,
Y leyeron un nombre escrito en la proa :
La Dama de Shalott.
¿Quién es ella? ¿Y porqué está aquí?

Y junto al iluminado palacio,
cesaron los sones de aclamación real;
y temerosos se presignaron
todos los caballeros de Camelot;
Pero Lancelot se quedó pensativo
y dijo, "ella tiene una cara encantadora;
Dios en su misericordia preste su gracia, a esta Dama.
La Dama de Shalott."






Un loco
Antonio Machado

Es una tarde mustia y desabrida
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
Por un camino en la árida llanura,
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos.
Lejos se ven sombríos estepares,
colinas con malezas y cambrones,
y ruinas de viejos encinares,
coronando los agrios serrijones.
El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesta su figura;
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado.
Huye de la ciudad... Pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres
de chulos aburridos, y ruindades
de ociosos mercaderes.
Por los campos de Dios el loco avanza.
Tras la tierra esquelética y sequiza
—rojo de herrumbre y pardo de ceniza—
hay un sueño de lirio en lontananza.
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
—¡carne triste y espíritu villano!—.
No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.

lunes, 27 de abril de 2009

To tango tis Nefelis

Jules-Joseph Lefebvre-Nymph with morning glory flowers


En el tango de Nefelis (Néfele, la diosa de la nubes), Haris Alexiou, canta a la primavera, la adolescencia, el amor, al aroma de jacintos y fertilidad. Bellísima canción cuya letra habla de cintas doradas que unos ángeles adolescentes le roban a la bella Nefelis tras hechizarla con granadas y miel, y de cómo Zeus le calma su locura convirtiéndola en nubes de lluvia.
Es la versión que canta Haris Alexiou añadiendo el texto de este bello poema a una bella composición instrumental de Loreena McKennitt llamada Tango to Evora (ciudad portuguesa).


Versión de Haris Alexiou en mejor calidad que en el vídeo.




Lorena Mckennit
Tango to Evora